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miércoles, 7 de mayo de 2014

Lidia

Lidia
Mi nombre es Marina García, soy la psicóloga de Lidia Fernández. Mi paciente entró por primera vez en mi consulta el día 01-11-2012. Yo me encontraba tranquilamente sentada en mi sillón y Lidia, en ese momento con nueve años, estaba sentada enfrente mía, callada, con la mirada al frente, encogida  (seguramente por el miedo), con un rostro pálido, un rostro que mostraba que no comía apenas. Sus ojos, fijos en una lejanía que ni yo me imaginaba, mostraban una tristeza infinita, una sensación de desdicha hacia su persona. Sabía que me encontraba con una joven que sufría una gran depresión causada, seguramente, por su situación.
En la primera consulta intenté que hablara, pero no tuve éxito alguno. Así pasaron los días, ella sentada mirando a la nada y yo intentando entablar una conversación sin éxito alguno.
Un día cualquiera, volví a abrir la puerta de la consulta, a la misma hora de siempre, esperando a la misma niña, callada, y con pensamientos alejados de esta habitación. Pero lo que vi fue algo muy distinto…
Enfrente mía estaba Lidia con un ojo totalmente morado, llorosa y abrazando un oso de peluche de tamaño mediano. Me recordó a una niña pequeña de unos cinco años, pero sabía que estaba enfrente de una niña de nueve. Miré a su madre y le pregunté qué le había pasado.
- No lo sé, la recogí el lunes de la casa de su padre y ya tenía ese morado - dijo-. Doctora estoy preocupada, sospecho que mi ex marido la puede estar maltratando…
- Tranquila, hablaré con Lidia ahora en la consulta para ver qué ha pasado- le dije poniéndole una mano en su hombro e intentando tranquilizarla, algo que, según observé en su rostro, lo conseguí.
Lidia pasó dentro de mi consulta y se sentó en el sofá como siempre, con mirada lejana, callada, pero ahora, además abrazando a ese osito de peluche…
- Lidia, sé que nunca has querido hablar conmigo, sé que estos días solo has estado callada y mirando a la nada con tu mente muy lejos de aquí. Pero hoy necesito que me cuentes quién te ha hecho esto, necesito que me digas qué ha pasado. Estoy aquí para ayudarte a superar y sacarte de todo esto, pero necesito que tú quieras hacerlo cariño- le dije mientras me arrodillaba delante de ella y le acariciaba la cara de forma afectuosa, ella no me rechazó, al contrario, tragó saliva, seguramente para intentar quitarse el nudo en la garganta, y comenzó a llorar en silencio, abrazando cada vez más fuerte al peluche, ahogando gritos de desesperación y encogiéndose las piernas hasta quedar como un ovillo en el sofá sentada…
Yo me senté a su lado, y comencé a abrazarla intentando calmarla todo lo que pude. Cuando al fin lo conseguí, por primera vez en lo que llevaba de consultas con ella, Lidia comenzó a hablar:
- Estaba sentada abrazando a Teddy cuando se me acercó, me dijo que era una malnacida, que no valía nada, que era un fracaso, que nunca valdría la pena, que no sabía por qué demonios sigo viva, que estaría mejor muerta, que muerta serviría más que viva. Yo le gritaba que se callara, que se callara, pero él seguía y seguía y no paraba.  Le grité que se callara que él no sabía nada de mí, que era un hijo de puta, y entonces me comenzó a pegar. Me pegó un puñetazo, sacó su cinturón y comenzó a darme latigazos con el cinturón. Yo gritaba que quería ver a mi mamá, le gritaba a mamá que viniera pero no venía y después de un rato paró dejándome tirada en el suelo dolorida llorando.- Me contó Lidia entre sollozos.
Yo supuse que se refería a su padre, que era su padre quién le pegaba. Durante toda la consulta estuve intentando animar a Lidia y pareció que al final conseguí algo. Le di mi teléfono y le dije que me llamara cuanto quisiera, a la hora que quisiera y para lo que quisiera, que yo siempre estaría ahí. Le dije a la madre lo que me había contado y le dije que denunciara a su ex marido porque eso era pena de ley. Su madre me dijo que así lo haría y me dio las gracias varias veces antes de marcharse bendiciéndome a Dios.
Durante meses Lidia y yo tuvimos varias consultas, muchas veces venía muy triste y salía muy contenta de mi consulta. Me contó que sus padres estaban en proceso de divorcio y que estaban peleándose por su custodia, que su madre vivía con su otro novio, pero apenas hablaba del novio de su madre, y eso me hizo sospechar.
Después de cuatro meses estaba viendo realmente muy buenas mejoras y su madre también pareció notarlo.
El día 09-04-2013 fue el día en el que su madre me dijo que esta era la última consulta en la que traería a su hija. Yo le dije que no era buena idea, que su hija necesitaba mejorar aún, pero su madre fue rotunda. Lidia entró en mi consulta, de nuevo abrazada a Teddy, moqueando y ligeramente cojeando. Esa imagen de Lidia la recuerdo muy bien, ese día lo recuerdo como si solo hubieran pasado unas horas de la consulta…
Cerré la puerta y miré a una niña llorando en silencio, dirigiéndome una mirada que no sé cómo definir exactamente.
- Lidia, ¿qué ha pasado?
Lidia titubeó algo que no entendí y me acerqué a ella hasta tenerla delante de mí. Le miré el rostro y le volví a preguntar. Después de unos minutos dijo:
- Mamá no me deja ver a papá desde hace cuatro meses. Echo de menos a papá, así que le llamé al móvil y él lo oyó, oyó cómo hablaba con papá, cómo le decía que le echaba de menos- tragó saliva intentando aguantar el llanto-. Cuando colgué el teléfono, él entró con mamá, y los dos me gritaron. Los dos estaban furiosos conmigo. Mamá decía que era una mala hija, que no tendría que hablar con un hombre tan malo, y entonces él se quitó el cinturón y dijo que merecía un castigo. Mamá estuvo de acuerdo y salió de mi cuarto…
Lidia no pudo contener más el llanto. Yo intenté abrazarla, estaba totalmente atónita por lo que me había contado. Comencé a subir la camiseta de Lidia y vi las marcas ensangrentadas del cinturón de su padrastro, ardientes, dibujadas en su espalda…
- Lidia, ¿durante estos cuatro meses, tu mamá o el novio de tu mamá te ha pegado y no me has contado?
Lidia asintió.
Antes de que saliera de la consulta le dije que tenía que parecer lo más alegre posible y que no se preocupara, que la iba a sacar de ahí esa misma noche, que no se preocupara. Yo no tenía ni idea que, durante las consultas con Lidia, su madre escuchaba siempre detrás de la puerta cuando estaba la sala de espera totalmente vacía…
En cuanto Lidia se fue con su madre llamé a la policía y les conté lo que Lidia me había contado. La policía fue hacia el piso de la madre, pero el novio de la madre no estaba. Lidia tampoco. La madre les dijo que no sabía de qué estaban hablando y  que Lidia estaba esa semana con su padre…
La policía me comentó lo que les había dicho, yo les enseñé la hora de mi consulta con Lidia. La policía fue hacia la casa del padre de Lidia…
Cuando los agentes entraron en la casa buscaron a Lidia por todos lados, el padre no estaba en casa. Lidia tampoco…
Lidia no estaba en ningún sitio. Estuvo, en total seis días desaparecida, hasta que, al fin, la policía encontró su cuerpo enterrado en uno de los campos de los parientes del novio de la madre.
La madre, hasta entonces siempre había culpado a su ex marido. Después de eso, la madre y el novio fueron detenidos por asesinato y maltrato.
Yo desde entonces y hasta ahora, señoría, me culpo por su muerte. Sé que podía haberlo averiguado antes. La paciente me dijo varios días después que pilló una vez a la madre escuchando detrás de la puerta. Entonces, tenía que haber reaccionado: no debí dejarla ir con su madre a casa, debería haberla dejado en mi consulta, no debí  haberla devuelto, nunca tenía que haber dejado que volviese en brazos de su madre. No sabe lo que me culpo todos los días de ello, de mi ineptitud, de mi incapacidad para no haberlo visto antes.
Solo he encontrado esta forma para ayudar a honrar la memoria de Lidia. La única manera de que usted, señoría, sepa que la maltrataron y la mataron solo para hacer daño a su padre. Ella solo era un peón para hacer sufrir a su padre, y ni ella ni yo nos dimos cuenta de ello. Cargaré de por vida con esta culpabilidad, pero espero que, al menos, con esto pueda quitarme algo de este sufrimiento de encima.
Muchas gracias por su paciencia, con un cordial saludo,

Dra. Marina García

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